
Sufrir una hemorragia tras una operación quirúrgica, tener vómitos debido a la administración de un fármaco inadecuado, que el bebé sufra lesiones durante el parto. Los conocidos como eventos adversos (EA) son comunes en hospitales y centros sanitarios y afectan, al menos, al 9,2% de los pacientes hospitalizados. En el 7,4% de los casos, incluso, el evento se complica hasta provocar la muerte del paciente, según datos del Ministerio de Sanidad.
A menudo, este daño fortuito genera demandas y quejas hacia los centros sanitarios, por ello suelen existir protocolos para comunicar a los pacientes las causas de los eventos adversos y establecer medidas para que no se repitan. Si bien, un estudio publicado en la revista Gaceta Sanitaria de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) pone en cuestión la formación y los procedimientos, por parte de los profesionales sanitarios, a la hora de explicar los motivos de los daños causados a los pacientes.
Como explica a Consalud.es José Joaquín Mira, del Departamento de Salud de Alicante-San Joan, y principal firmante del estudio: “Lamentablemente muchas veces encontramos profesionales que no han recibido entrenamiento sobre cómo comunicar malas noticias y es algo que en el ámbito sanitario hay que hacer con más frecuencia de la que desearíamos. Normalmente, la vida y la práctica es la base del entrenamiento. Esto es algo que debiera modificarse tanto por los pacientes como por los profesionales”.
Mira destaca que un evento adverso es muy distinto a una negligencia, ya que mientras en el primer caso el paciente sufre, de forma inesperada, algún daño como consecuencia de un tratamiento o una prueba diagnóstica, en el caso de las negligencias el profesional sanitario actúa de forma incorrecta aún a sabiendas de que la adversidad puede ser evitada. “Hay que considerar que aproximadamente la mitad de los eventos adversos son inevitables. Pero hay una parte que debemos evitar y en ellos se trabaja en los centros sanitarios con intención de que no sucedan”, señala el especialista.
A la hora de comunicarlos, el estudio concluye que el 27,9% de directivos consultados y el 35,9% de los profesionales consideraron que en su centro se informaba correctamente tras un evento adverso. Si bien, solo un 17,4% de los médicos y un 19,1% de los enfermeros reconocieron haber recibido entrenamiento para informar a un paciente sobre el caso.
DÉFICIT EN LA PLANIFICACIÓN
A la vista de estos datos, el artículo considera que “existen importantes carencias a la hora de planificar, organizar y asegurar que el paciente que sufre un EA reciba una disculpa e información franca de lo sucedido y de lo que puede pasar a partir de ese momento”. Los problemas surgidos a raíz de las medicaciones, los causados por infección nosocomial (las adquiridas dentro del propio centro sanitario) o los que se relacionan con procedimientos (por ejemplo, quemaduras tras realizar maniobras de reanimación), son los eventos adversos más comunes, principalmente en hospitales.
Mira está de acuerdo en que una mejora de la comunicación de EA a pacientes disminuiría la cantidad de quejas y denuncias recibidas por los centros sanitarios y considera que los profesionales deberían contar con un marco jurídico apropiado para llevar a cabo esta tarea “sin miedo a posibles acciones punitivas en su contra”. Además, resalta, “en algunos países existen leyes de disculpa que favorecen que los profesionales no tengan reparos a la hora de informar y nuestro estudio destaca este aspecto como una necesidad actual para nuestro sistema sanitario”.
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