
«Ver cómo le cambia la cara a la madre cuando le entregas al bebé en sus brazos, es algo que no se puede explicar».
Los hechos ocurrieron el pasado 8 de julio de 2014, donde una mujer comenzó con dolores de parto en el paso fronterizo de Beni-Enzar, el más importante entre Melilla y Marruecos, a las 15:30 horas. Según cuentan los técnicos sanitarios de SSG implicados, Pablo Fernández y Mohamed Toutouh, el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA) recibió la llamada por parte de los Agentes españoles de servicio en el lugar, y dieron el aviso a la ambulancia de una «mujer embarazada con fuertes dolores de parto» en la frontera. Una vez allí, se encontraron a la mujer sentada en una silla de ruedas, custodiada por la Guardia Civil, y procedieron a la valoración inicial protocolaria del estado de la mujer y del bebé.
En la imagen, de izquierda a derecha, Mohamed Toutouh y Pablo Fernández.
Tras realizar la primera exploración, Mohamed y Pablo colocaron a la mujer en la camilla para efectuar su traslado al centro hospitalario, pero fue entonces cuando, en la segunda exploración ya en el interior de la ambulancia, vieron que el alumbramiento ya estaba en curso. «Se solicitó enseguida una ambulancia medicalizada, pero el bebé ya asomaba la cabeza», explica Mohamed. Los técnicos asistieron el parto, pero se dieron cuenta enseguida de que presentaba ciertas complicaciones; el bebé venía con doble vuelta de cordón, por lo que «tuvimos que actuar según el protocolo y la técnica específica para estos casos». Según nos explica Mohamed, «mientras uno rota con cuidado al bebé, el otro debe poner el dedo entre el cordón y el cuello del pequeño para deshacer la circular». Una técnica que parece sencilla, pero que requiere de una profesionalidad y seguridad para evitar cualquier asfixia, y que los técnicos resolvieron a la perfección. Una vez el bebé está fuera, se activa el protocolo de reanimación. «El bebé respiraba aunque estaba un poco morado por el cordón, por lo que comenzamos con las técnicas de reanimación y le limpiamos las vías respiratorias, hasta que escuchamos el primer llanto del bebé. En ese momento, llega la unidad medicalizada, por lo que ellos fueron los encargados de trasladar al bebé y a su madre, ambos en buen estado, hasta el centro hospitalario».

Tanto Pablo como Mohamed, fueron felicitados por el Director Territorial del INGESA, Francisco Robles, que públicamente agradeció la intervención del técnico de emergencias y el conductor de la ambulancia convencional, «por su profesionalidad y buen hacer».
En palabras de Mohamed, «llevo 21 años trabajando de esto, y como profesional sanitario, encontrarse con casos así, es el polo opuesto de lo que estamos acostumbrados a ver. Asistimos a tráficos, accidentes y cosas desagradables, donde ves que la gente sufre y tú haces lo posible por paliar ese sufrimiento y solucionar los problemas. Pero en este caso, asistir a un parto, es darte cuenta de que estás creando una vida; estás ayudando a un bebé a salir al mundo y eso es una satisfacción muy grande. Ves el sufrimiento de la gente en los accidentes y otros temas a los que nos enfrentamos día a día, pero ver cómo le cambia la cara a la madre cuando le entregas al bebé en sus brazos, es algo inexplicable». Su compañero, Pablo, también explica que «es mi tercer parto, pero ninguno de los otros dos tuvieron las características de éste: la vuelta de cordón complicó las cosas, pero al final se resolvió con éxito. Aparte de que mi trabajo me encanta, ésta ha sido una experiencia realmente enriquecedora». Ambos coinciden en la dificultad y la complejidad de este caso, pero no sólo como profesionales del sector sanitario, sino como personas, afirman que, a pesar de todo, «ayudar a traer un niño a la vida, es algo que no se puede explicar con palabras».
