
El «efecto llamada» y la falta de un temario común abocan a muchos médicos a pagar las altas tasas de matriculación de las academias para prepararse el examen de manera más competitiva y en igualdad de condiciones.
Se presentan en las facultades de Medicina dos años antes de que los estudiantes acaben la carrera, les agasajan con los «buenos resultados» de sus alumnos, e incluso les regalan materiales de estudio sin compromiso de matricularse. Esto provoca un «efecto llamada», que acaba convirtiendo a las academias de preparación del examen MIR en un recurso imprescindible, como reconocen los propios médicos, para obtener una buena plaza en la prueba, generando a su vez un importante negocio para las propias entidades.
«La dificultad del MIR no radica en el examen, sino en que es una prueba competitiva. Y si unos médicos ven que sus compañeros comienzan a prepararla con un año o dos de antelación, haciendo simulacros y asistiendo a clases, los demás también van a querer hacerlo para no quedarse atrás. Por eso la mayoría se acaba apuntando a una academia», señala a Consalud.es Víctor Expósito, presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM).
Sin embargo, matricularse en una de estas academias supone un coste elevado, más aún para alumnos que en su mayoría aún no han comenzado su trayectoria laboral. Según indica en su página web, el curso más barato para la convocatoria de 2017 de la academia Amir tiene un precio de 2.350 euros, comenzando en abril (cuando lo habitual es que se comience cinco meses antes, lo que eleva el precio más de 300 euros).
En cifras similares se mueve la academia CTO que, según reconocía en una nota de prensa, para el examen de 2016 contaba con hasta 4.000 alumnos matriculados (cerca de la mitad del total de los que se presentarán al examen, que serán 12.426. A ello habría que sumarle los matriculados en el resto de academias).
SIMULACROS, LA GRAN BAZA
A cambio de ello, las academias ofrecen cuidadas clases y manuales sobre los posibles temas que pueden aparecer en el examen. Aunque, según médicos consultados por este periódico, lo más valioso de estos cursos son los simulacros, donde se recrean milimétricamente las condiciones de la prueba (en algunas ocasiones, se realizan en la misma clase en la que se celebra el examen oficial). A veces, incluso, algunas de las preguntas que las academias brindan a sus alumnos para que «entrenen» han acabado apareciendo en el examen, que consta de un total de 250 preguntas.
«Los simulacros y los materiales son útiles, sí y las academias ayudan a mantenerse más activos en el estudio. Pero eso no significa que no se pueda tener un buen puesto preparándote el examen por tu cuenta. Es más una cuestión de efecto rebaño que otra cosa», señala a Conslaud.es Mónica Terán, vocal de Médicos en Formación de la Organización Médico Colegial (OMC).
Uno de los aspectos que abocan a muchos médicos a depender de las academias (muchos de los cuáles acaban trabajando para las mismas tras el examen) es la falta de un temario específico para la prueba, algo que han reivindicado en varias ocasiones desde el CEEM. Terán, en cambio, considera que la existencia de un temario común no cambiaría los datos de matriculación de las academias, «porque no sólo se trata de que te den un temario específico, sino que se estudie de determinada forma y te apoyen en el proceso de estudio».
Lo que sí tienen claro los representantes estudiantiles es que, en ningún caso, deben ser las facultades las que preparan específicamente para el examen porque, «la prueba MIR no es un examen que evalúe la competencia profesional, sino unos conocimientos puntuales. Las facultades deben centrarse en formar a buenos médicos», expone Víctor Expósito.
